Insectos chicos, grandes amenazas: como controlar los pulgones
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Publicado el: 2025-09-08
Los pulgones, también llamados afídidos, son insectos de tamaño pequeño (2–5 mm) pero de gran impacto en la agricultura. Se alimentan de la savia de las plantas mediante sus piezas bucales chupadoras, debilitando los cultivos y transmitiendo virus dañinos. Además, excretan melaza, un residuo pegajoso que favorece la aparición de hongos como la fumagina, afectando la fotosíntesis y la calidad del fruto.
Problemas principales que causan:
- Daño directo por succión de savia: marchitez, amarillamiento, menor vigor y rendimiento.
- Transmisión de virus: algunos pulgones son vectores de enfermedades como el virus de la hoja amarilla, moteado, mosaicos, virosis transmitidas por esta especie.
- Producción de melaza y fumagina: favorece desarrollo de hongos que manchan hojas, frutos y reducen la calidad comercial.
- Reproducción rápida: se multiplican con facilidad por partenogénesis y altas fecundidades, generando infestaciones explosivas si no se controlan.
Tipos frecuentes de pulgones y cultivos afectados
Aunque existen muchos géneros y especies, aquí algunos de los más comunes:
1 .Myzus persicae – pulgón verde del durazno o del melón:
Especialmente dañino en cultivos de durazno, ciruela, tomate, berenjena, papa, melón, sandía, tabaco y otras solanáceas.
2. Aphis gossypii – pulgón algodón:
Se observa en algodón, pero también en pepino, melón, calabaza, cítricos y cucurbitáceas.
3. Aphis fabae – pulgón negro de la alfalfa:
Afecta frijol, haba, pero también alfalfa, remolacha y algunas crucíferas.
4. Schizaphis graminum – pulgón verde del cereal:
Problema en trigo, cebada, avena, centeno.
5. Rhopalosiphum padi – pulgón pardo del cereal:
Otro en trigos y cereales invernales, transmisor de virus como el de la avena amarilla.
Condiciones ambientales a vigilar para prevención
Para aplicar tratamientos preventivos de forma eficiente, conviene monitorear:
- Temperaturas moderadas (15 °C a 25 °C): temperatura ideal para rápido desarrollo y reproducción.
- Horas de luz: periodos largos fomentan crecimiento vegetativo y proliferación de pulgones.
- Humedad relativa: niveles moderados (60–80 %) pueden favorecer su desarrollo; humedad muy baja los limita.
- Lluvias ligeras frecuentes: facilitan dispersión por splashing entre plantas.
- Presencia de hormigas: las hormigas protegen a los pulgones para aprovechar la melaza, favoreciendo su persistencia.
- Falta de enemigos naturales: tales como coccinélidos (mariquitas), sírfidos o crisopas; su ausencia permite brotes sin control biológico natural.
Monitoreo recomendado:
- Realizar inspecciones visuales periódicas (al menos 2 veces por semana en periodos de riesgo).
- Usar trampas amarillas pegajosas para detectar colonización temprana.
- Registrar datos de temperatura, humedad, plagas y enemigos naturales para decidir si iniciar acción preventiva.
Ingredientes activos, dosis orientativas y rotación
Para lograr un control eficaz y responsable de los pulgones es clave usar insecticidas de diferentes grupos químicos, evitando repetir el mismo modo de acción para no generar resistencia. Entre los ingredientes activos más utilizados se encuentran los neonicotinoides como imidacloprid, tiametoxam y acetamiprid, que ofrecen acción sistémica y muy buena eficacia cuando se aplican a dosis que oscilan entre 20 y 50 ml o g por cada 100 litros de agua, dependiendo de la formulación comercial. Estos productos no deben usarse de manera consecutiva, sino alternarse con otros grupos.
Otra opción son los reguladores de crecimiento de insectos como piriproxifen y buprofezina, que actúan sobre estados inmaduros de los pulgones, reduciendo futuras generaciones. Sus dosis suelen ir desde 50 hasta 400 ml por cada 100 litros, según la concentración del producto. Son muy útiles para intercalar con sistémicos y mantener el control a mediano plazo.
También se emplean productos de acción translaminar como spirotetramat, que logra penetrar tejidos y proteger tanto el haz como el envés de las hojas, con aplicaciones en rangos de 150 a 300 ml por 100 litros. Por su parte, pymetrozina es una herramienta eficaz cuando la plaga ya se encuentra en crecimiento poblacional, con dosis aproximadas de 100 a 200 ml por 100 litros, actuando de forma diferente a los neonicotinoides.
Finalmente, moléculas como piridato, aplicadas entre 200 y 350 ml por 100 litros, resultan valiosas en rotaciones, ya que tienen otro mecanismo de acción.
En resumen, la estrategia de control químico debe basarse en una rotación inteligente: iniciar con un sistémico en etapas tempranas de infestación, alternar con un regulador de crecimiento, después usar un producto translaminar y finalmente un ingrediente activo de diferente grupo químico. Si el problema persiste, se puede volver a un neonicotinoide, pero siempre cuidando no repetirlo de manera inmediata y respetando intervalos de seguridad antes de cosecha.
Buenas prácticas generales
- Combinar control químico con control biológico: promover enemigos naturales (mariquitas, crisopas), mantener áreas refugio, evitar insecticidas de amplio espectro.
- Aplicar insecticidas en puntas del desarrollo de la plaga, una sola generación incipiente puede multiplicarse.
- Ajustar volumen de caldo y presión de pulverización, procurando buena cobertura del envés foliar.
- Respetar los intervalos de seguridad antes de cosecha.
- Alternar productos con distinto modo de acción para evitar o retardar resistencia.